La huelga general del 14N me parece un gran ejemplo - hasta ahora, el mejor - de construcción europea no institucional. Con "no institucional" me refiero a que no pasa necesariamente por los cauces de las instituciones europeas - Comisión, Eurocámara, Consejo o acuerdos bilaterales entre los Estados -. Es una acción puramente ciudadana. Pero, sin embargo, sí es construcción europea. ¿Por qué? ¿Y por qué es importante?
Uno de los principales problemas de la ciudadanía europea - sí, hablo de ciudadanos - es que quiere una Europa mejor pero espera que los políticos hagan todo el trabajo. En realidad, la ciudadanía considera que son las instituciones - Gobiernos nacionales, Unión Europea - las que deben hacerlo todo. Si las instituciones no lo hacen, entonces los ciudadanos sencillamente se "indignan" y exijan que venga otro que sí haga las cosas bien, pero si ese "otro" no llega se bloquean y no saben cómo reaccionar. En el caso de los Estados la más de las veces se pide una refundación - como hace el 25S en España - y en el ámbito comunitario la eliminación - como la UE no funciona como nos gustaría, hay que eliminarla -. Al menos este es el mensaje que han transmitido todos los indignados desde Francia hasta su extensión por toda Europa - exitosa en España y testimonial en los demás países -.
Lo cierto es que la construcción europea no es más que un concepto, filosofía o como se le quiera llamar. No es algo "oficial" ni de la Unión Europea ni de los Estados que la forman y, por tanto, puede - y debe - ser realizada no sólo por las instituciones sino por cualquier agente social o la sociedad en sí misma. Es en este sentido donde el 14N, sólo por su mera convocatoria, es ya un éxito. Porque se está haciendo construcción europea sin pasar por los cauces institucionales.
El 14N es construcción europea porque está poniendo de acuerdo y organizando a los trabajadores a un nivel no nacional o local, sino comunitario. La convocatoria ha obtenido apoyo - en mayor o menor grado - en la Península Ibérica, Italia, Grecia, Bélgica, Francia, Alemania, Austria, Polonia, Dinamarca, Reino Unido, Holanda, Suiza, Suecia, Rumanía, Finlandia, Turquía, Chipre, Crocia, Letonia Eslovenia o la República Checa entre otros. Dentro y fuera de la Unión, los ciudadanos tienen una estrategia, un objetivo - lograr una alternativa a la austeridad merkeliana - y van a dar una respuesta organizada. En resumidas cuentas: creen en una Europa mejor y se están organizando para conseguirla ellos mismos, en lugar de limitarse a quejarse en las redes sociales o esperar a que los políticos por arte de magia lo arreglen todo.
Esto no ha recibido la atención que merecía de los medios. Cualquier manifestación convocada por Twitter en varias ciudades obtiene una mayor cobertura mediática que una acción sindical a nivel comunitario. ¿Por qué? Bueno, supongo que podrían hacerse muchas interpretaciones. Mi teoría es que todo responde a valores estéticos; los llamados "movimientos sociales" son formados sobre todo por universitarios, se asocian a los jóvenes, tienen un tratamiento informativo romántico - a veces incluso sexual - y son digitales. En definitiva "molan" y, sobre todo, atraen muchas más visitas desde Twitter que cualquier otra información, lo que conlleva más ganancias por publicidad si los medios les bailan el agua.
Cuando he hablado con alguien de este tema, especialmente dentro del "movimiento" indignado, me dice que estoy equivocado y que sí, que ellos quieren una Europa mejor, pero que no van a hacerla utilizando los cauces "tradicionales" porque están caducos o corruptos. Esto significa que no van a organizarse ni a través de partidos, ni de sindicatos ni de asociaciones porque eso sería "jerarquizar", crear nuevas "clases dominantes". Es decir, que lo van a hacer todo por Twitter.
En mi opinión esto es una excusa para maquillar la inacción, la pereza o la vaguedad con que se tratan las movilizaciones, porque la experiencia ha demostrado que Twitter, que no es más que un servicio de SMS gratuitos, puede servir para convocar manifestaciones simultáneas en cualquier lugar del mundo pero es difuso a la hora de definir objetivos y estrategias elaboradas, lo cual termina llevando cualquier acción al caos y, por consiguiente, a su fracaso.
El 14N, por el contrario, utilizando cauces tan europeos como la propia Comisión, pero no necesariamente inherentes a la institucionalidad europea, está sin embargo dando un paso adelante en la integración: ni más ni menos que reivindicando una política laboral y social justa a nivel europeo. Todo ello organizado, con objetivos y acciones realistas y en clave comunitaria. Es decir, los trabajadores están abandonando sus roles puramente nacionales y están dejando de ser españoles, franceses o suecos para ser ciudadanía europea, en un contexto de cada vez mayor y más profunda solidaridad internacional.
Solidaridad que se hace más visible aún cuando recordamos que, en el norte de Europa, la austeridad no está causando los estragos que provoca en el sur. Esto significa que los ciudadanos de estos países van a apoyar el 14N para protestar contra algo que, desde un punto de vista estrictamente nacional no les afectaría; es decir, están empezando a considerar que lo que ocurra en el sur les afecta porque el sur también son ellos - en tanto que europeos -. En definitiva, estamos hablando de la construcción no de los presupuestos o legislaciones europeas, sino de la sociedad civil europea.
Siempre he pensado que los ciudadanos son tan responsables o más de la construcción de Europa que los políticos, y que lo bien o mal que funcione la Unión es también nuestro problema. Parece que mucha gente ha llegado a la misma conclusión y ha decidido actuar en consecuencia. Creo, por eso, que el 14N puede y debe sentar un precedente, así como servir de ejemplo para nuevas y numerosas acciones que en el futuro ayuden a completar la construcción europea desde un punto de vista ciudadano, democrático y justo para todos.
Uno de los principales problemas de la ciudadanía europea - sí, hablo de ciudadanos - es que quiere una Europa mejor pero espera que los políticos hagan todo el trabajo. En realidad, la ciudadanía considera que son las instituciones - Gobiernos nacionales, Unión Europea - las que deben hacerlo todo. Si las instituciones no lo hacen, entonces los ciudadanos sencillamente se "indignan" y exijan que venga otro que sí haga las cosas bien, pero si ese "otro" no llega se bloquean y no saben cómo reaccionar. En el caso de los Estados la más de las veces se pide una refundación - como hace el 25S en España - y en el ámbito comunitario la eliminación - como la UE no funciona como nos gustaría, hay que eliminarla -. Al menos este es el mensaje que han transmitido todos los indignados desde Francia hasta su extensión por toda Europa - exitosa en España y testimonial en los demás países -.
Lo cierto es que la construcción europea no es más que un concepto, filosofía o como se le quiera llamar. No es algo "oficial" ni de la Unión Europea ni de los Estados que la forman y, por tanto, puede - y debe - ser realizada no sólo por las instituciones sino por cualquier agente social o la sociedad en sí misma. Es en este sentido donde el 14N, sólo por su mera convocatoria, es ya un éxito. Porque se está haciendo construcción europea sin pasar por los cauces institucionales.
El 14N es construcción europea porque está poniendo de acuerdo y organizando a los trabajadores a un nivel no nacional o local, sino comunitario. La convocatoria ha obtenido apoyo - en mayor o menor grado - en la Península Ibérica, Italia, Grecia, Bélgica, Francia, Alemania, Austria, Polonia, Dinamarca, Reino Unido, Holanda, Suiza, Suecia, Rumanía, Finlandia, Turquía, Chipre, Crocia, Letonia Eslovenia o la República Checa entre otros. Dentro y fuera de la Unión, los ciudadanos tienen una estrategia, un objetivo - lograr una alternativa a la austeridad merkeliana - y van a dar una respuesta organizada. En resumidas cuentas: creen en una Europa mejor y se están organizando para conseguirla ellos mismos, en lugar de limitarse a quejarse en las redes sociales o esperar a que los políticos por arte de magia lo arreglen todo.
Esto no ha recibido la atención que merecía de los medios. Cualquier manifestación convocada por Twitter en varias ciudades obtiene una mayor cobertura mediática que una acción sindical a nivel comunitario. ¿Por qué? Bueno, supongo que podrían hacerse muchas interpretaciones. Mi teoría es que todo responde a valores estéticos; los llamados "movimientos sociales" son formados sobre todo por universitarios, se asocian a los jóvenes, tienen un tratamiento informativo romántico - a veces incluso sexual - y son digitales. En definitiva "molan" y, sobre todo, atraen muchas más visitas desde Twitter que cualquier otra información, lo que conlleva más ganancias por publicidad si los medios les bailan el agua.
Cuando he hablado con alguien de este tema, especialmente dentro del "movimiento" indignado, me dice que estoy equivocado y que sí, que ellos quieren una Europa mejor, pero que no van a hacerla utilizando los cauces "tradicionales" porque están caducos o corruptos. Esto significa que no van a organizarse ni a través de partidos, ni de sindicatos ni de asociaciones porque eso sería "jerarquizar", crear nuevas "clases dominantes". Es decir, que lo van a hacer todo por Twitter.
En mi opinión esto es una excusa para maquillar la inacción, la pereza o la vaguedad con que se tratan las movilizaciones, porque la experiencia ha demostrado que Twitter, que no es más que un servicio de SMS gratuitos, puede servir para convocar manifestaciones simultáneas en cualquier lugar del mundo pero es difuso a la hora de definir objetivos y estrategias elaboradas, lo cual termina llevando cualquier acción al caos y, por consiguiente, a su fracaso.
El 14N, por el contrario, utilizando cauces tan europeos como la propia Comisión, pero no necesariamente inherentes a la institucionalidad europea, está sin embargo dando un paso adelante en la integración: ni más ni menos que reivindicando una política laboral y social justa a nivel europeo. Todo ello organizado, con objetivos y acciones realistas y en clave comunitaria. Es decir, los trabajadores están abandonando sus roles puramente nacionales y están dejando de ser españoles, franceses o suecos para ser ciudadanía europea, en un contexto de cada vez mayor y más profunda solidaridad internacional.
Solidaridad que se hace más visible aún cuando recordamos que, en el norte de Europa, la austeridad no está causando los estragos que provoca en el sur. Esto significa que los ciudadanos de estos países van a apoyar el 14N para protestar contra algo que, desde un punto de vista estrictamente nacional no les afectaría; es decir, están empezando a considerar que lo que ocurra en el sur les afecta porque el sur también son ellos - en tanto que europeos -. En definitiva, estamos hablando de la construcción no de los presupuestos o legislaciones europeas, sino de la sociedad civil europea.
Siempre he pensado que los ciudadanos son tan responsables o más de la construcción de Europa que los políticos, y que lo bien o mal que funcione la Unión es también nuestro problema. Parece que mucha gente ha llegado a la misma conclusión y ha decidido actuar en consecuencia. Creo, por eso, que el 14N puede y debe sentar un precedente, así como servir de ejemplo para nuevas y numerosas acciones que en el futuro ayuden a completar la construcción europea desde un punto de vista ciudadano, democrático y justo para todos.










