Hace unos meses la Fundación Symbian hacía conocer la creación de un consorcio para la financiación de este sistema operativo, dotado con 22 millones de euros de los cuales 11 proceden de la Comisión Europea. Esto permitirá crear nuevas tecnologías basadas en un código puramente europeo.
Symbian es un sistema operativo para dispositivos móviles desarrollado y mantenido por Nokia. Durante años la Unión Europea ha sido líder en este mercado a través de la compañía finlandesa, junto con la alemana Siemens - cuya división móvil colapsó en 2005 - y la sueca Ericsson - en colaboración con la japonesa Sony -.
Sin embargo, con la llegada del gigante norteamericano Apple al sector y el auge de compañías orientales como Samsung y HTC, con dispositivos basados en iOS y Android, Symbian pierde cada vez más presencia en el mercado. Tanto es así que los americanos se preguntan para qué necesita Europa su propia tecnología, tal vez en el mismo sentido en que un día no entendieron el porqué de una moneda única.
Es por eso que yo estoy de acuerdo y apoyo la decisión comunitaria de subvencionar la supervivencia y el desarrollo de Symbian. Aunque algunos juzgan toda forma de proteccionismo como algo negativo y consideran un derroche el dinero invertido, es fundamental para la Unión Europea tener una posición fuerte - incluso dominante - en el sector de las telecomunicaciones, la electrónica y las nuevas tecnologías en general.
No podemos quedarnos sentados viendo cómo Estados Unidos, Taiwán y Corea se reparten este pastel con las desastrosas consecuencias que nos acarrearía en cuanto a pérdida de competitividad, beneficios comerciales, influencia tecnológica y, por supuesto, cientos de puestos de trabajo.
La situación además es casi desesperada. Hace tres años que Nokia creó la Symbian Foundation con la intención de potenciar su sistema operativo y convertirlo en un gran recurso de código libre; no obstante, desde entonces, Sony Ericsson y Samsung abandonaron la iniciativa, su primer director renunció al puesto y la institución estuvo a punto de cerrar.
Es por eso que la intervención de la Comisión se recibió como un verdadero balón de oxígeno. Una noticia que supuso una ventana de esperanza para el sector de las telecomunicaciones en Europa y que demostró que la Unión Europea no es ajena a las posibilidades de las nuevas tecnologías ni tampoco a la importancia del software libre.
Por desgracia desde aquel primero anuncio no hemos vuelto a saber nada - al menos yo no he recibido más información -. El consorcio que se ocupará de financiar Symbian, conocido como Symbeose, estará formado por veinticuatro compañías y ocho países europeos. La lista exacta aún no se ha hecho pública y no sabemos si España estará entre ellos - yo espero que sí -.
Si ha habido más movimientos al respecto no se han conocido; es de confiar que la Unión Europea se decida a impulsar el proyecto lo antes posible, aprovechando la recuperación alemana y antes de que iPhone y otros dispositivos se hagan aún más fuertes en el mercado dejándonos totalmente fuera.
Symbian es un sistema operativo para dispositivos móviles desarrollado y mantenido por Nokia. Durante años la Unión Europea ha sido líder en este mercado a través de la compañía finlandesa, junto con la alemana Siemens - cuya división móvil colapsó en 2005 - y la sueca Ericsson - en colaboración con la japonesa Sony -.
Sin embargo, con la llegada del gigante norteamericano Apple al sector y el auge de compañías orientales como Samsung y HTC, con dispositivos basados en iOS y Android, Symbian pierde cada vez más presencia en el mercado. Tanto es así que los americanos se preguntan para qué necesita Europa su propia tecnología, tal vez en el mismo sentido en que un día no entendieron el porqué de una moneda única.
Es por eso que yo estoy de acuerdo y apoyo la decisión comunitaria de subvencionar la supervivencia y el desarrollo de Symbian. Aunque algunos juzgan toda forma de proteccionismo como algo negativo y consideran un derroche el dinero invertido, es fundamental para la Unión Europea tener una posición fuerte - incluso dominante - en el sector de las telecomunicaciones, la electrónica y las nuevas tecnologías en general.
No podemos quedarnos sentados viendo cómo Estados Unidos, Taiwán y Corea se reparten este pastel con las desastrosas consecuencias que nos acarrearía en cuanto a pérdida de competitividad, beneficios comerciales, influencia tecnológica y, por supuesto, cientos de puestos de trabajo.
La situación además es casi desesperada. Hace tres años que Nokia creó la Symbian Foundation con la intención de potenciar su sistema operativo y convertirlo en un gran recurso de código libre; no obstante, desde entonces, Sony Ericsson y Samsung abandonaron la iniciativa, su primer director renunció al puesto y la institución estuvo a punto de cerrar.
Es por eso que la intervención de la Comisión se recibió como un verdadero balón de oxígeno. Una noticia que supuso una ventana de esperanza para el sector de las telecomunicaciones en Europa y que demostró que la Unión Europea no es ajena a las posibilidades de las nuevas tecnologías ni tampoco a la importancia del software libre.
Por desgracia desde aquel primero anuncio no hemos vuelto a saber nada - al menos yo no he recibido más información -. El consorcio que se ocupará de financiar Symbian, conocido como Symbeose, estará formado por veinticuatro compañías y ocho países europeos. La lista exacta aún no se ha hecho pública y no sabemos si España estará entre ellos - yo espero que sí -.
Si ha habido más movimientos al respecto no se han conocido; es de confiar que la Unión Europea se decida a impulsar el proyecto lo antes posible, aprovechando la recuperación alemana y antes de que iPhone y otros dispositivos se hagan aún más fuertes en el mercado dejándonos totalmente fuera.
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