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| Así será el nuevo barrio europeo. Atelier Christian de Portzamparc. |
Se conoce como barrio europeo a la zona de Bruselas que alberga la mayoría de instituciones de la Unión. Algunos de los edificios más importantes de este distrito son el Berlaymont, sede de la Comisión, el Justus Lipsius, Consejo de la Unión Europea, o el Paul-Henri Spaak, que contiene uno de los hemiciclos del Europarlamento.
Actualmente la mayor parte del barrio europeo está dedicada a funciones administrativas; es por eso que un proyecto de la Comisión anunciado en 2008 pretende la construcción de un nuevo complejo que se iniciará, precisamente, este año.
El proyecto ha sido diseñado por el prestigioso arquitecto francés Christian de Portzamparc y consistirá en una reforma de la Rue de la Loi, con la redistribución del tráfico, inclusión de transporte público, zonas verdes y edificación de nuevas oficinas más funcionales y estéticas. Lo que no he logrado averiguar es qué uso se dará a los actuales edificios.
La gran saturación de actividad burocrática en la zona y la ausencia de viviendas o zonas de ocio han facilitado que el barrio europeo sea visto como un gueto administrativo. De ahí la necesidad de de modernizarla; así como convertir el barrio europeo en un símbolo monumental de la vida comunitaria. Las nuevas infraestructuras serán construidas siguiendo los principios del desarrollo sostenible y la eficiencia energética.
El proyecto de modernización del barrio europeo ha motivado también opiniones negativas. Der Spiegel lo califica de cuento de hadas y critica el elevado coste de su realización, además del excesivo número de burócratas y la codicia impositiva de que la acusa.
Yo, por supuesto, deseo - y espero - que se optimice el presupuesto para hacer que el coste sea el menor posible en relación con los resultados; también confío en que esta obra no favorezca la aparición de corrupciones. Sin embargo soy más que partidario de su puesta en marcha y me alegro encarecidamente de ella.
Soy un gran defensor de los símbolos; y sí, es algo que le falta a la Unión Europea, y son más importantes de lo que muchos creen. Hacen falta emblemas que la gente pueda identificar y de los que sentirse parte; no sólo institucionales, sino aquellos a los que nos podamos acercar y tocar, caminar.
Además, no hay que olvidar que las obras del nuevo barrio europeo generarán muchos puestos de trabajo y, tras su conclusión, turismo y actividad comercial. También está la necesidad de adecuar las capitales europeas, y especialmente Bruselas, a las nuevas exigencias urbanísticas y energéticas del siglo XXI; no sólo la Unión Europea sino todos los Gobiernos nacionales deben valorar la importancia de aplicar un nuevo desarrollo más perdurable, saludable, ecológico y humano.
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| Edificio Paul-Henri Spaak. MDL.hu | Flickr. |
Actualmente la mayor parte del barrio europeo está dedicada a funciones administrativas; es por eso que un proyecto de la Comisión anunciado en 2008 pretende la construcción de un nuevo complejo que se iniciará, precisamente, este año.
El proyecto ha sido diseñado por el prestigioso arquitecto francés Christian de Portzamparc y consistirá en una reforma de la Rue de la Loi, con la redistribución del tráfico, inclusión de transporte público, zonas verdes y edificación de nuevas oficinas más funcionales y estéticas. Lo que no he logrado averiguar es qué uso se dará a los actuales edificios.
La gran saturación de actividad burocrática en la zona y la ausencia de viviendas o zonas de ocio han facilitado que el barrio europeo sea visto como un gueto administrativo. De ahí la necesidad de de modernizarla; así como convertir el barrio europeo en un símbolo monumental de la vida comunitaria. Las nuevas infraestructuras serán construidas siguiendo los principios del desarrollo sostenible y la eficiencia energética.
El proyecto de modernización del barrio europeo ha motivado también opiniones negativas. Der Spiegel lo califica de cuento de hadas y critica el elevado coste de su realización, además del excesivo número de burócratas y la codicia impositiva de que la acusa.
Yo, por supuesto, deseo - y espero - que se optimice el presupuesto para hacer que el coste sea el menor posible en relación con los resultados; también confío en que esta obra no favorezca la aparición de corrupciones. Sin embargo soy más que partidario de su puesta en marcha y me alegro encarecidamente de ella.
Soy un gran defensor de los símbolos; y sí, es algo que le falta a la Unión Europea, y son más importantes de lo que muchos creen. Hacen falta emblemas que la gente pueda identificar y de los que sentirse parte; no sólo institucionales, sino aquellos a los que nos podamos acercar y tocar, caminar.
Además, no hay que olvidar que las obras del nuevo barrio europeo generarán muchos puestos de trabajo y, tras su conclusión, turismo y actividad comercial. También está la necesidad de adecuar las capitales europeas, y especialmente Bruselas, a las nuevas exigencias urbanísticas y energéticas del siglo XXI; no sólo la Unión Europea sino todos los Gobiernos nacionales deben valorar la importancia de aplicar un nuevo desarrollo más perdurable, saludable, ecológico y humano.


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