Seamos libertad europea, seamos paz universal. Victor Hugo.

19.4.11

Maroni tiene razón

Inmigración clandestina en Lampedusa. Wikimedia Commons.

Después de que Europa rechazase la petición de ayuda de Italia para contener la avalancha de refugiados tunecinos en Lampedusa, el ministro italiano de Interior, Roberto Maroni, dijo que la Unión Europea "sólo sirve para declarar la guerra y salvar a los bancos".

Algunos medios no han tardado en afirmar que Italia amenaza con salir de la Unión. Lo que el señor Maroni ha hecho realmente es preguntarse si "tiene sentido seguir siendo parte de la UE". En su opinión, los Veintisiete han dicho, en relación a los refugiados, "querida Italia, eso es asunto tuyo". Su conclusión fue que "si la respuesta de Europa es ésta, mejor solos que mal acompañados".

Roberto Maroni tiene razón. La Unión Europea no ha sido lenta a la hora de aportar cientos de millones para sostener a la banca y salvaguardar sus privilegios, aun sabiendo que estos especuladores han sido en gran medida los responsables de la crisis de 2008.

Maroni también ha recordado que Italia fue solidaria cuando hubo que rescatar la economía de los Estados más débiles. Y está en lo cierto: 14.800 millones de euros italianos se aprobaron para ayudar a Grecia, y hace poco se han propuesto 9.600 millones para Portugal.

Alfredo Pérez Rubalcaba, ministro español de Interior, declara que los refugiados tunecinos huidos de África "no tienen derecho al asilo" y deben "volver a los países de origen"; para que los maten, debió añadir. ¿Son estos los principios sobre los que se fundó el mismo concepto de la Unión Europea? Esto encuadra con la idea nada humanista de la "fortaleza Europa". Yo quiero imaginar a la Unión como una gran reserva de la democracia, un refugio para los derechos humanos y la justicia. Algo que no se parece a esto.

Pero no se trata sólo de la postura inhumana de los Gobiernos para con los refugiados. Quizá más grave aún sea la actitud insolidaria de los Estados comunitarios hacia Italia. Francia bloquea trenes procedentes de Italia para impedir que los desarrapados entren a su territorio. Y lo que es aún más preocupante: comete esta osadía con el apoyo de la Comisión Europea. ¿Cómo podemos asistir a esto? ¿Cómo puede un Estado europeo rechazar los ferrocarriles de su propia nación vecina, sin ningún empacho, y que Europa lo acepte sin queja alguna?

Estos hombres olvidan que la solidaridad es un principio básico de la Unión Europea. Que lo que ocurre a una nación afecta a todas, y que el problema de uno lo es también del resto. Por supuesto que la Unión Europea debió y debe aceptar esa petición y repartir a esos refugiados; porque lo que ocurra a Italia no es un asunto italiano sino europeo. Es lo que no entienden estos líderes egoístas y mediocres que piensan sólo en los próximos comicios y nunca en Europa.

Olvidan, también, que esto no es China ni tampoco los Estados Unidos. Que aquí existe una tradición de justicia y observancia de los derechos civiles y que el actual ninguneo de la Unión a las súplicas de los refugiados, y el insultante silencio de los Gobiernos frente a las masacres de África no es otra cosa que una traición a los fundamentos que sostienen esta comunidad. Realmente son estas cosas las que ayudan a perder la ilusión por el proyecto europeo.

2 comentarios:

  1. Bueno, a principios de Mayo se debate en el Parlamento Europeo sobre un permiso de asilo único para toda la UE, quizás situaciones como esa lo requieran.

    Saludos,

    Jorge Juan Morante

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  2. Habrá que esperar que responda a los derechos civiles y no a intereses nacionales y, sobre todo, que el Consejo no lo tumbe.

    Un saludo.

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