Seamos libertad europea, seamos paz universal. Victor Hugo.

8.10.11

La fe en Europa

USAAF Museum


Este artículo participa en la iniciativa Fe propuesta por Ángel Cabrera y Jose Senovilla.


Victor Hugo fue, probablemente, el primer hombre que defendió públicamente la necesidad de una Europa unida. Lo hizo en el Congreso Internacional de la Paz celebrado en París en 1849; en el discurso que pronunció auguraba un futuro en que los pueblos europeos convivirían en paz, libertad y justicia como una sola nación. Sus contemporáneos se reían de él al oír esto, diciendo que la rivalidad entre Francia y Alemania sería eterna, pero él contestó: "una guerra entre naciones europeas sería una guerra civil".

Por desgracia, la historia le dio la razón. Fue un siglo después cuando aquella rivalidad interminable volvió a estallar y produjo el peor enfrentamiento conocido por el mundo. Al final de la Segunda Guerra Mundial, en 1945, Europa estaba arruinada. Sólo en la Unión Soviética murieron veintiséis millones de personas; en todo el continente hubo cerca de cuarenta. Los daños materiales fueron incalculables; sólo en Londres, los ataques de la aviación destruyeron un millón de viviendas. En todo el continente se redujeron a escombros ciudades, vías de comunicación, industrias y todo tipo de infraestructuras.

Después de la Guerra, los europeos debieron creer que había llegado el fin del mundo. Europa estaba devastada humana, material y económicamente. Por ese entonces Estados Unidos producía más de la mitad de los bienes del mundo, porque la industria del viejo continente había desaparecido desde Rusia hasta España - todavía destruida por su propia Guerra Civil -. Cuarenta y cinco millones de desplazados daban cuenta de la aniquilación; había hambrunas y epidemias de enfermedades hoy desconocidas por los europeos, como la malaria o la tubercolis. Todo ello sin hablar de las represalias y las persecuciones políticas.

Os preguntaréis qué tiene todo esto que ver con la fe, y yo os diré que mucho. En aquellas condiciones de absoluta devastación, los europeos podían elegir rendirse. Francia, la patria de la libertad, había sido arrasada hasta los cimientos. De Alemania no quedaba nada salvo una legión de cadáveres. Todas las potencias de Europa, antaño dueñas del mundo, habían perdido sus riquezas y sus posesiones. Pero entonces aparecieron algunos hombres notables que decidieron hacer suya aquella vieja idea de Victor Hugo: la de una Europa unida.

Fueron hombres como Schuman, Adenauer, Gasperi o Monnet entre muchos otros. Fueron quienes creyeron que realmente aquellas viejas rivalidades podrían superarse, que las naciones de Europa podrían, por primera vez, olvidar el pasado y trabajar juntas para dejarnos a nosotros, los ciudadanos de hoy, un futuro mejor que el que ellos conocieron. Y lo hicieron.

Pero achacar el éxito de aquella primera y frágil idea sólo a unos cuantos políticos sería un error. Porque sus decisiones no habrían encontrado resultado alguno sin el trabajo duro y persistente de los hombres corrientes. Podrían haber desfallecido o haber vuelto a matarse entre ellos; pero en vez de eso se pusieron manos a la obra. No fue otra cosa sino su sudor el que permitió que Europa se rehiciera de sus escombros humeantes y volviese a renacer, esta vez mucho más libre, justa y desarrollada que nunca antes en la historia. Una Europa, sobre todo, en paz.

Es por eso que quiero recordar a aquella gente para hablar de la fe. Porque, ¿acaso ellos no podrían haber perdido hasta el último resquicio de su fe? Había llegado el fin del mundo pero no; ellos tuvieron fe. Lucharon, trabajaron. Y lo lograron.

Hoy debería avergonzarnos nuestra propia falta de fe. Hemos heredado la Europa más desarrollada de la historia. Tenemos un continente casi completamente en paz. Alemanes y franceses viajan diariamente de un lado a otro de una frontera hoy simbólica, cuando aquel mismo límite, en el pasado, produjo las guerras más sangrientas que se recuerdan. Hemos recibido la herencia de una Europa que supo crear el modelo social más avanzado de la humanidad donde, por primera vez, los pobres son tratados como seres humanos.

Esa Europa unida y desarrollada llenó de fe y esperanza al mundo entero hasta hace apenas diez años. Basándose al pie de la letra en nuestros principios, naciones como Brasil han luchado por construir su propio futuro y lo han logrado. ¿Es de recibo que la humanidad tenga fe en Europa y Europa no la tenga en sí misma? Más nos valdría aprender de aquellos europeos incansables que, en unas condiciones infinitamente peores que las nuestras, decidieron dejar las excusas y los lloriqueos y ponerse manos a la obra.

Los compañeros Senovilla y Ángel Cabrera nos invitan a hablar de la fe. No podrían haber escogido un tema mejor; porque eso es precisamente lo que necesita Europa: fe. Por eso quiero recordar ese pasado siniestro y terrible que no debemos olvidar y señalar cómo los europeos de entonces supieron tener fe en su tierra y en su futuro; para que aprendamos de ellos. Si pudieron sobreponerse al miedo, la destrucción y la miseria, ¿no podemos nosotros sortear unas dificultades en comparación mucho menores?

Para que podamos hacer nuestras aquellas palabras de Victor Hugo: "Un día vendrá en el que la guerra parecerá también absurda y será también imposible (...). Un día vendrá en el que vosotras, (...) naciones del continente, sin perder vuestras cualidades distintivas (...) os fundiréis estrechamente en una unidad superior (...) para lograr el bienestar de todos". Para lograrlo sólo hace falta eso: un poco de fe.

8 comentarios:

  1. En tiempos de bonanza, el ocio y el buen vivir nos hace olvidar como se han conseguido y pensamos que es para siempre, por ello en estos momentos tan penosos de crisis, recuperar nuestra fe en Europa es imprescindible para salir adelante.

    Un gran artículo querido amigo Javier, le has dado un enfoque lleno de historia y verdad.

    Te dejo un abrazo agradecido por tu participación.

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  2. Hola Mayo

    Me ha gustado tu enfoque sobre la fe. La comparto.

    Saludos.

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  3. Me he sorprendido favorablemente con tu exposición tan clara y tan bien documentada sobre sobre Europa. Todo un tratatado histírico y filosófico.
    Ojalá esta fe de de Vicor Hugo cobre nueva fuerza y tengas razón.
    "Una fe: he aquí lo más necesario al hombre. Desgraciado el que no cree en nada".
    Victor Hugo (1802-1885)
    Un saludo

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  4. Enhorabuena por el post. Muy buena lectura sobre Victor Hugo. Te felicito. Las palabras de Victor Hugo bien podrían ser sacadas de una canción de Victor Jara. Un saludo!!

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  5. Impresionante la entrada.
    Totalmente de acuerdo en que debemos tener presente el pasado y tener fe y confianza en que podamos solventar todas nuestras grandes pequeñas miserias.
    Fe y confianza en nosotros mismos.
    Gracias por el post.
    Un abrazo

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  6. Gracias a ti Senovilla por el currazo que te pegas cada año, leyendo y enlazando artículos.

    Un abrazo.

    Gracias Maria Eugenia.

    Buena cita la que nos dejas del gran padre europeo, Katy. Y muy relacionada con el tema. Me alegro de que te gustase, ojalá todo esto se cumpla.

    Me alegro de que te gustase Chema.

    Y sobre todo confianza en Europa, @kepasa29. Espero que podamos superar todo esto y llevar la Unión mucho más lejos que nunca.

    Un saludo a todos, gracias por leerme.

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  7. Buenas noches..

    Sigo teniendo fe en la personas, y este mundo es maravilloso.. gracias por ser parte de el...

    Besotes

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  8. tengo fe en la humanidad aunque no los conozca a todos, pero desconfío de muchos que conozco pues les falta humanidad.
    Un abrazo.

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