Seamos libertad europea, seamos paz universal. Victor Hugo.

3.12.11

Problemas de Europa: La insistencia en el error

Uno de los principales problemas de Europa es la insistencia en el error. Esto es, cuando se ha ejecutado mal una política, o cuando se ha puesto en práctica una forma de hacer las cosas que ha resultado errónea, los líderes europeos se reúnen y parecen pensar: "esto no ha salido bien, vamos a remediarlo".

Cuando sucede algo así uno esperaría que reflexionaran y dijeran: "nos equivocamos en tal cosa, por eso probaremos ahora con tal otra". En lugar de eso suelen aparecer posturas recurrentes que no se basan en el "qué" o el "cómo" sino siempre en el "poco" o el "mucho". Un ejemplo: si la Unión Europea ha dedicado dinero a ayudar al sector tecnológico y éste no despega, los responsables reaccionan diciendo: "hemos dedicado dinero y el programa no da resultado, deberíamos dedicar más dinero". O puede suceder justo lo contrario. Es un caso habitual en los servicios públicos deficitarios, tales como el tren o la sanidad: "estamos dedicando dinero al tren y no tiene éxito, deberíamos quitar unas cuantas líneas". O bien: "la sanidad es poco eficiente, probemos a cerrar o privatizar hospitales".

Comparemos el caso anterior con un escenario hipotético en que se preguntasen qué ha fallado y no cuánto ha fallado. Por ejemplo el ferrocarril: "vaya, los trenes no están marchando; tal vez deberíamos estudiar otras líneas más razonables que las que tenemos ahora". Como vemos, quitar líneas y cambiar trazados es muy distinto. Lo mismo ocurriría con el sector tecnológico: "estamos dando dinero a las empresas tecnológicas y el sector no despega, tal vez deberíamos pensar en subvencionar las materias primas en lugar de simplemente regalar dinero, o quizá podríamos quitar algunos impuestos o plantear proyectos de investigación conjunta entre la Universidad y la empresa privada". Pero no, normalmente la reflexión sería: "¿hemos dado demasiado dinero o demasiado poco?" Así no se llega a ningún lado.

Es un vicio europeo del que no se libran ni la izquierda ni la derecha. El último arrebato es de los socialdemócratas, que han impulsado un informe en la Eurocámara para defender la educación obligatoria hasta los 18 años. Esto serviría - según ellos - para atajar el abandono escolar. Se diría que la reflexión ha sido ésta:

- Obligamos a los jóvenes a estudiar hasta los dieciséis años, pero muchos abandonan antes.

- Una buena forma de solucionarlo sería obligarles a estudiar hasta los dieciocho años.

Es decir: insistir en el error. Obligan a los jóvenes a estudiar hasta los dieciséis, vedándoles el acceso al mercado laboral - o empujándolos a la economía sumergida -. Si un chico ha decidido con quince años que lo que quiere es trabajar - aunque sea de albañil - deberá esperar un año antes de poder hacerlo. Si la propuesta de la Eurocámara tiene éxito, en lugar de un año serán tres.

La política de obligar a todo el mundo a estudiar aun contra su voluntad ha demostrado ser un fracaso estrepitoso; la Eurocámara debería haberlo tenido en cuenta y haber dicho: "parece que esto no funciona, probemos otras políticas". En lugar de eso responden con lo mismo: más obligatoriedad, más años, más gente adulta llenando institutos de forma forzada. Si la obligatoriedad es parte del desastre educativo aumentémosla, tal vez así la catástrofe sea absoluta. ¿Acaso es eso lo que quieren?

A la derecha le pasa otro tanto. Su política económica, por ejemplo, defiende la libertad absoluta para las empresas. Con esto, se supone, el tejido industrial será más dinámico y se generarán empleo y riqueza. Pero en una Europa monopolizada por los conservadores, y tras años de poner en práctica esta filosofía, el paro sigue teniendo cifras desastrosas. Se da más poder a las empresas y los ricos son cada vez más ricos, y los pobres cada vez más pobres. Algo no está funcionando, pero nadie parece plantearse cambiar el chip.

La socialdemocracia, cuando responde, lo hace siempre del mismo modo: más subvenciones, más regulaciones, más límites a la creación de empresas y menos flexibilidad en los contratos laborales. Si la derecha peca de fanática liberalizadora, la socialdemocracia es adicta a la sobre-regulación. ¿La crisis les ha hecho cambiar de actitud? No, por supuesto. Pese a que ambos sistemas han demostrado ser erróneos y malos para el ciudadano, se mantienen en sus trece.

Esto no es exclusivo de la clase política; los movimientos de protesta que ganan fuerza en toda Europa pecan de la misma terquedad. En España, por ejemplo, la plataforma Democracia Real Ya puso en circulación unas propuestas que defendían, básicamente, la recuperación del modelo socialdemócrata de los noventa: subvenciones para todo, saturación de empresas estatales y creación artificial de empleo público. Una filosofía apoyada desde hace veinte años por los partidos de izquierda y que no funciona.

Necesitamos nuevas ideas, proyectos distintos. Darnos cuenta de que lo que todos los actores (gobierno, empresa y sociedad civil) defendieron hasta ahora ha demostrado no servir. Algunas potencias, como Brasil, comprobaron que los modelos norteamericano y europeo son deficientes y han probado, consecuentemente, a crear su propio sistema. ¿No podemos hacer lo mismo en la Unión? Nuestra estructura tradicional a todos los niveles - educativo, político, económico - es un fracaso absoluto, un desastre que debemos rectificar.

Por desgracia no es probable que esto vaya a ocurrir. Los gobernantes, en la mayoría de los casos, siguen insistiendo en aplicar con más fuerza sus políticas tradicionales - "si no funcionaron antes", parecen pensar, "es porque no insistimos lo bastante en ellas" -. En cuanto a la sociedad civil, cualquier persona que proponga nuevas formas de hacer las cosas - saltándose tanto la vía conservadora como la socialdemócrata - es derribada inmediatamente y se le dice que "no ha entendido nada". La evolución parece vedada a Europa.

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