Por fin se ha celebrado la cumbre que debía decidir el futuro del euro y, por ende, el de la Unión Europea. Todavía es pronto para hacer valoraciones completas, aunque el Consejo Europeo ya haya emitido sus propias conclusiones. Ha sido una jornada frenética para Europa: se han tomado algunas medidas económicas y se ha firmado la adhesión de Croacia. Pero de lo que más se está hablando, con diferencia, es del Reino Unido.
Antes de nada conviene señalar que la reunión, como siempre, ha quedado en agua de borrajas. Se habló de una Europa a dos velocidades, un núcleo duro o una refundación de la Unión Europea. Pero la realidad tiene menos altura que las palabras y básicamente las conclusiones han sido: más dinero para ayudar a los países con problemas, más dureza con aquellos gobiernos que se endeuden demasiado y una persecución más firme del fraude fiscal - cuyos medios no se han concretado -.El Consejo lo ha resumido así en una declaración:
Pero no ha habido unión fiscal ni presupuestaria. Los sistemas financieros de la Eurozona seguirán formando un ininteligible, complejo e ineficiente entramado burocrático y legislativo - el mismo que en gran parte nos ha traído hasta aquí -. Pero, ¿qué ha pasado hoy en Bruselas? A grandes rasgos podemos bocetar algunas primeras conclusiones.
Queda patente la hegemonía de Alemania en la Unión Europea. La cumbre ha sido en gran medida un pulso entre Cameron y Merkel - de quien Sarkozy es tan sólo testaferro - y el resultado ha sido claramente favorable a la canciller. La supremacía económica de Berlín ha permitido que se impongan las doctrinas de austeridad que propugnaba; Cameron se ha negado a aceptar la reforma de su industria financiera y, en un gesto sin precedentes, la Unión ha decidido dejar a los ingleses fuera.
Esto ha sido muy criticado y hay quien ya habla de división y ruptura - en el extranjero creen que Europa se resquebraja - pero a priori creo que hay que desdramatizar un poco. Por primera vez en la Unión Europea se han dicho las cosas claras y se ha hablado sin ambigüedades. Le Monde lo explicaba claramente en un artículo que dice:
La unión política no es del gusto del Reino Unido, que piensa en "colonización" cuando se habla de integración. Ellos querían poder vender sus productos sin tener dificultades aduaneras y hace tiempo que lo consiguieron; su reticencia a una implicación más profunda con la construcción europea ha puesto en peligro la totalidad del proyecto en innumerables ocasiones.
Es cierto que las relaciones internas de la UE serán más tensas a partir de ahora - ya estaban muy deterioradas -; pero hay que pensar en el aspecto positivo. Reino Unido ha hablado con claridad y Europa también. Por primera vez, los Veintisiete no se han visto bloqueados por la opinión de un único miembro. Esperemos que estos estancamientos intolerables, gracias a la aclaración de posiciones vista hoy, se terminen para siempre. El acuerdo al que se ha llegado es insuficiente, pero al menos ha habido un acuerdo.
La Unión está siendo dirigida desde los Estados miembros, y desde un gobierno nacional más concretamente. Precisamente el excesivo poder de una nación sobre las demás era una de las cosas que querían evitar los padres fundadores de la Unión Europea. Esto no está bien; la Unión debería basarse en la igualdad y, sobre todo, no convertir en dogmas lo que realmente son políticas económicas susceptibles de ser revisadas. No se ha cuestionado en absoluto el - a menudo inflexible - mercado laboral, ni la rígida legislación empresarial, ni el mantra de la inflación, ni ninguno de los inflexibles - y equivocados - valores fiscales y presupuestarios de la Europa tradicional.
Pero ha sido puesta de manifiesto, especialmente, la incapacidad de los líderes europeos para estar a la altura de las circunstancias. Son necesarias no sólo decisiones audaces, sino históricas. El mundo entero se verá afectado por lo que Europa decida hoy y ellos se muestran incapaces; es por eso que debemos cambiarlos. ¿Cómo podemos nosotros, ciudadanos, influir en este proceso? Lo extenderemos, junto a todos los temas tratados hoy, en próximas entradas; me temo que vamos a tener mucho de qué preocuparnos.
Antes de nada conviene señalar que la reunión, como siempre, ha quedado en agua de borrajas. Se habló de una Europa a dos velocidades, un núcleo duro o una refundación de la Unión Europea. Pero la realidad tiene menos altura que las palabras y básicamente las conclusiones han sido: más dinero para ayudar a los países con problemas, más dureza con aquellos gobiernos que se endeuden demasiado y una persecución más firme del fraude fiscal - cuyos medios no se han concretado -.El Consejo lo ha resumido así en una declaración:
- Un nuevo pacto presupuestario y una coordinación reforzada de las políticas económicas.
- El desarrollo de nuestros instrumentos de estabilización para hacer frente a los desafíos a corto plazo.
Pero no ha habido unión fiscal ni presupuestaria. Los sistemas financieros de la Eurozona seguirán formando un ininteligible, complejo e ineficiente entramado burocrático y legislativo - el mismo que en gran parte nos ha traído hasta aquí -. Pero, ¿qué ha pasado hoy en Bruselas? A grandes rasgos podemos bocetar algunas primeras conclusiones.
Queda patente la hegemonía de Alemania en la Unión Europea. La cumbre ha sido en gran medida un pulso entre Cameron y Merkel - de quien Sarkozy es tan sólo testaferro - y el resultado ha sido claramente favorable a la canciller. La supremacía económica de Berlín ha permitido que se impongan las doctrinas de austeridad que propugnaba; Cameron se ha negado a aceptar la reforma de su industria financiera y, en un gesto sin precedentes, la Unión ha decidido dejar a los ingleses fuera.
Esto ha sido muy criticado y hay quien ya habla de división y ruptura - en el extranjero creen que Europa se resquebraja - pero a priori creo que hay que desdramatizar un poco. Por primera vez en la Unión Europea se han dicho las cosas claras y se ha hablado sin ambigüedades. Le Monde lo explicaba claramente en un artículo que dice:
No hay que lamentarse por lo que ha pasado en Bruselas. Se ha destapado una ambigüidad. En el fondo, a lo británicos, que se incorporaron en 1973 a lo que entonces era la Comunidad Económica Europea, lo único que les interesa es el mercado único. Con respecto al resto del proyecto europeo se muestran indiferentes, cuando no hostiles.
La unión política no es del gusto del Reino Unido, que piensa en "colonización" cuando se habla de integración. Ellos querían poder vender sus productos sin tener dificultades aduaneras y hace tiempo que lo consiguieron; su reticencia a una implicación más profunda con la construcción europea ha puesto en peligro la totalidad del proyecto en innumerables ocasiones.
Es cierto que las relaciones internas de la UE serán más tensas a partir de ahora - ya estaban muy deterioradas -; pero hay que pensar en el aspecto positivo. Reino Unido ha hablado con claridad y Europa también. Por primera vez, los Veintisiete no se han visto bloqueados por la opinión de un único miembro. Esperemos que estos estancamientos intolerables, gracias a la aclaración de posiciones vista hoy, se terminen para siempre. El acuerdo al que se ha llegado es insuficiente, pero al menos ha habido un acuerdo.
La Unión está siendo dirigida desde los Estados miembros, y desde un gobierno nacional más concretamente. Precisamente el excesivo poder de una nación sobre las demás era una de las cosas que querían evitar los padres fundadores de la Unión Europea. Esto no está bien; la Unión debería basarse en la igualdad y, sobre todo, no convertir en dogmas lo que realmente son políticas económicas susceptibles de ser revisadas. No se ha cuestionado en absoluto el - a menudo inflexible - mercado laboral, ni la rígida legislación empresarial, ni el mantra de la inflación, ni ninguno de los inflexibles - y equivocados - valores fiscales y presupuestarios de la Europa tradicional.
Pero ha sido puesta de manifiesto, especialmente, la incapacidad de los líderes europeos para estar a la altura de las circunstancias. Son necesarias no sólo decisiones audaces, sino históricas. El mundo entero se verá afectado por lo que Europa decida hoy y ellos se muestran incapaces; es por eso que debemos cambiarlos. ¿Cómo podemos nosotros, ciudadanos, influir en este proceso? Lo extenderemos, junto a todos los temas tratados hoy, en próximas entradas; me temo que vamos a tener mucho de qué preocuparnos.
imagen: Sebastian Zwez.

Han coincido en las mismas fechas dos reuniones que me dejan insatisfecho por la vaguedad en la toma de decisiones: Durban y el Consejo Europeo.
ResponderEliminarSaludos,
Jorge Juan
La verdad es que ha sido un día movido.
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