Seamos libertad europea, seamos paz universal. Victor Hugo.

31.5.11

La integración de América Latina es un asunto europeo

EBC

Los últimos diez años han conocido numerosos cambios en América Latina, que incluyen la mejora de las garantías democráticas y el nivel de vida de algunas naciones, entre las que destacan muy especialmente Brasil y Chile.

La estabilización de estos países, que han pasado de ser Estados intervenidos por el FMI a cada vez más válidas potencias económicas, no ha sido ajena a las viejas pretensiones latinoamericanas de integración. Con una población de ciento noventa millones de habitantes y un superávit de 7.900 millones de euros - superando ya a España como potencia -, está claro que Brasil jugará, en un hipotético proceso de construcción sudamericana, el papel catalizador e impulsor que Alemania interpretó para la cohesión europea.

Uno de los líderes que más partidario se ha mostrado de la integración es el ex-presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva. En el documental de Oliver Stone Al sur de la frontera, Lula dijo soñar con "una estructura de moneda única en América del Sur, tener un Parlamento de América del Sur y unas instituciones políticas de América del Sur". Básicamente, lo que Lula sueña es una versión latinoamericana de la Unión Europea.

Lula y otros políticos sudamericanos muestran la visión de futuro y responsabilidad histórica que caracterizó a varios líderes europeos del pasado, como Helmut Kohl. Porque este proceso no se reduce a una mera declaración de intenciones.

Ya ha habido avances en el sentido que apuntaba el ex-presidente de Brasil; se está poniendo en marcha la integración de los mercados financieros andinos o la creación de una zona de libre comercio entre seis naciones. La acción más ambiciosa es el planteamiento de un espacio de libre circulación entre Argentina y Chile. Es posible que, si los Estados de América Latina logran terminar con el narcotráfico, podamos hablar algún día de un "espacio Schengen" sudamericano.

Todo este proceso, que presumiblemente se intensificará en el futuro, no es algo a lo que Europa deba mirar desde fuera como cosa lejana del otro lado del mar. Debe ser considerado, de hecho, un asunto europeo prioritario. Esto es así por muchos motivos.

El papel de las metrópolis. España y Portugal y, en menor medida Países Bajos, Reino Unido y Francia son responsables directos de la historia y, por tanto, el idioma y la cultura de América Latina. Por eso no pueden considerarse ajenos a los hechos que ocurran allí en el siglo XXI. Deben implicarse a fondo en el proceso de construcción sudamericano, y debe ser una implicación económica y política. Madrid debería ser considerada la capital de la Hispanidad por motivos prácticos, no sólo sentimentales.

Una necesidad económica. Brasil será con toda certeza una de las mayores potencias económicas del mundo en el presente siglo. Es probable que Argentina y Chile evolucionen en la misma línea; y todavía está por ver qué le depara el futuro a México, con cien millones de habitantes, si logra terminar con la lacra del narcotráfico. Los lazos culturales, idiomáticos e históricos entre ambos lados del Atlántico deben traducirse en una conexión comercial y financiera de primer orden.

Esta relación sólo puede traerle beneficios a Europa, y ningunearla puede ayudarnos a ser aún más insignificantes en los próximos cien años. La experiencia comunitaria europea puede y debe servir de ejemplo a América Latina, lo cual nos otorgaría un papel de influencia en la región.

Una cuestión de clara competencia. Las posibilidades potenciales de integración en América Latina son objetivamente mayores que las europeas. Mientras en la Unión cada país habla un idioma, apenas dos lenguas comunican a toda América del Sur. Por otro lado, al tratarse de Estados más o menos modernos, resulta más sencilla la cohesión, frente a la complicada integración entre naciones europeas con miles de años de historia a sus espalda - en muchos casos, de enfrentamiento -.

La población mucho más joven y numerosa de América Latina les ayudará a convertirse en una gran potencia económica, especialmente si alcanzan la integración monetaria. Puede llegar a ocurrir que nos adelanten en la escena internacional, convirtiéndose en un actor mucho más a tener en cuenta que la Unión Europea. No podemos consentirlo. Por lo tanto la política comunitaria debería ir orientada a una relación de colaboración y competencia de la que todos podamos beneficiarnos.

Una responsabilidad moral. Resulta triste comprobar que los valores de integración de la Unión Europea están más vivos en América del Sur que en Europa. Los líderes políticos sudamericanos se parecen más a los padres de la Unión que muchos de los actuales gobernantes comunitarios. La responsabilidad histórica que demuestra Lula cuando habla sin ambages de instituciones, moneda y parlamento comunes es de una determinación que no encontramos actualmente en ningún político nacional europeo.

No hay más que echar un vistazo a la prensa latinoamericana para ver que en ella aparecen más noticias sobre la Unión que en los diarios españoles, franceses o británicos. Su interés por nuestros asuntos es mayor que el de la propia Europa, porque ellos son capaces - en la distancia - de ver mejor nuestros éxitos y percibir menos nuestras complicaciones.

Es por ello que los políticos europeos, así como los ciudadanos, tienen el deber de recuperar sin reparo alguno los valores fundamentales que inspiraron la integración europea: unidad económica, política y social. Paz, Unión y progreso. No podemos permitir que un grupo de potencias extranjeras llegue a dejarnos atrás sirviéndose de nuestros propios principios; sería de una ineptitud histórica.

23.5.11

El futuro inmediato de la Eurozona

Wikimedia Commons

Los medios españoles han estado hipnotizados durante una semana por la falsa revolución a la que ha puesto punto final la incontestable victoria de los conservadores en las elecciones autonómicas y municipales. Paradójicamente, prensa y televisión fueron acusados de ocultar las manifestaciones cuando lo que han hecho ha sido hablar de ellas hasta el hartazgo.

Mientras la atención nacional estaba puesta en el inexistente alzamiento nadie se ha fijado en lo importante. La economía griega continúa recorriendo el borde del abismo, mientras el Gobierno acomete más recortes y crece la tensión social. La problemática de Grecia afecta a la situación española, y aunque la Unión Europea ya descartó el rescate de España no deja de ser preocupante.

Grecia necesita dinero europeo para este verano o tendrá que asumir la quiebra total. Por otro lado, cuando llevamos un año escuchando dudas sobre España en toda Europa, hoy sabemos que es en Italia donde podría haber problemas. Hay otras noticias más allá de acampadas colectivas. Las cosas no van bien para la eurozona.

Incluso los países más fuertes de la eurozona continúan teniéndolo difícil. Mucho se ha hablado de la exitosa recuperación alemana y su reducido nivel de desempleo, pero no se dice que ha sido a costa de rebajar los salarios. Por su parte, el Reino Unido acomete durísimos recortes.

En mi opinión es innegable que se está haciendo una mala gestión económica. El Gobierno alemán pidió menos vacaciones en los países mediterráneos, lo que viene a suponer más trabajo en lugar de producir mejor trabajo; es decir, primar la cantidad sobre la calidad - lo cual no es bueno a nivel productivo -.

La política neoliberal parece destinada a salvaguardar los beneficios multimillonarios de las grandes corporaciones a la vez que se hace algo escalofriante: considerar que las garantías sociales son "caprichos" que no podemos permitirnos si queremos conservar el empleo. Y esto no puede ser; los europeos no pueden aceptar trabajo a costa de perder los servicios fundamentale que tanto ha costado conseguir.

Por otro lado la gestión que está haciendo Europa parece no funcionar. La crisis de la eurozona podría hacerse más dura. El futuro no tiene mejor aspecto: Felipe González advirtió que podría producirse otra conmoción económica aún más grave en pocos años, una previsión que también ha apuntado la ministra francesa de Hacienda, Christine Lagarde.

Esta situación tiene su reflejo en el plano político. Las fuerzas de ultraderecha aprovechan la crisis para ganar poder en toda Europa; las dificultades sociales son culpa de los inmigrantes, que colapsan los servicios públicos, y de los socialdemócratas que derrochan el dinero en un dispendio de improductivos hospitales y colegios. Y este mensaje parece estar encontrando respuesta.

A todo esto hay que añadir la incapacidad de las masas para reaccionar ante la mala gestión o la perversidad descarada y castigar a sus políticos. Mientras un buen número de españoles jugaban a la revolución yéndose de camping, otros tantos votaban en las elecciones regionales a una candidatura encausada por financiación ilegal. Otros líderes directamente racistas y antieuropeos ganan también en Cataluña, Suecia, Finlandia o Dinamarca.

A partir de aquí los grupos reaccionarios aprovecharán para decir: el euro es una mala idea, los fondos de cohesión son un derroche, las fronteras abiertas son peligrosas. Ya está ocurriendo. Y tiene un sentido: más derechos y libertades para todos supone menos poder para unos cuantos. Más garantías civiles cuestan dinero, dinero que podría estar en sus bolsillos.

Parece que las manifestaciones de Madrid no provocarán una revolución europea, por mucho que ya se proclamase el triunfo del alzamiento en Italia cuando éste sólo existía en Twitter. Sin embargo los europeos tienen muchos motivos para quejarse. Se están recortando muchos derechos y no vemos resultados claros, porque en las naciones en que el desempleo no sigue creciendo lo que bajan son los sueldos o las condiciones de vida.

Con esta excusa se ponen en duda los éxitos de la integración y no sólo no se profundiza en ella sino que se la hace retroceder. ¿Vamos a consentirlo? Sería un desastre que así fuese. ¿Cómo podemos salvar esta situación? Desde luego no con la infantil actitud del que se va a la revolución como el que se va de concierto. No podemos seguir jugando ni tolerando que los que juegan nos lleven detrás como atontados perritos falderos.

Debemos trabajar como se hace y se ha hecho en Europa. En primer lugar, con nuestro voto, sea en los Estados nacionales o en el Parlamento Europeo. En segundo lugar, si es necesario, protestando ante los Gobiernos. Pero no para pedirles un país de las hadas donde todos seamos hermanos, llevemos rastas y nos amemos unos a otros, sino para exigir avances reales: más gobernanza europea, más Unión basada en la justicia, la libertad y el bienestar como principios innegociables al servicio de los ciudadanos.

20.5.11

European revolution?

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Protests in Madrid. Furilo | Flickr

The first uprising I've seen consciously was the 2005 French riot against Nicolas Sarkozy, then Secretary of the Interior. Years later, on 2008, Greeks revolted to denunciate the dead of Alexandros Grigoropoulos, a teenager murdered by police. Now, Spaniards are protesting too.

Victor Hugo said: "to impute the revolution to the men is to impute the tide to the waves." Although we prefer evolution to revolution, sometimes is unavoidable breaking cultural stoppers and produce social outbreaks to force changes.

But what I'm concerned about in this "Spanish revolution" is that is so, "Spanish", as the rest of them were French, Italian or Greek movements as well: never European.

Demonstration in Egypt. Jonathan Rashad | Flickr

Looking to Arab world.

One thing wich disturbs me - even irritates me - is how all eyes are on Arab world. Washington Post said in an article that Spanish protest "mimic the Middle East uprisings." They compared the Puerta del Sol in Madrid with Cairo's Tahrir Square, symbol of the Egyptian revolution.

A year ago no European would have looked to Africa expecting to see democracy. Yesterday things changed. Menéame - Spanish clone of Digg - published in a notice "what they see of our revolution in an Arab television." They was asking for the Egyptian people approval.

This gives a bad image of Spain's political culture and of its general knowledge. What kind of democracy lessons are the Arab able to give to us European? Taking the example of my country, how could a nation that had two liberal democracies asking for a pat on the back by Egypt, whose past is torn between corrupt dictatorships and religious conflicts?
It's curious that Tunisians taked - rightly - France as "intellectual leader" of their revolution while Spaniards do exactly the opposite thing. That shows the fact that many European don't know much about May 1968 protest, liberal revolutions or the Enlightenment.

It really worries me that many European are protesting against their governments, but their cultural motivation is not what they have read on books, but snippets seen on Facebook and Twitter. A lot of them believes that Egyptians reinvented the wheel but - surprisingly - don't ask themselves why European live as we have lived for so long.

A good example is in Dima Khatib, the famous Syrian journalist that was, because of Twitter, who aroused more interest in the media from the Arab revolutions. Now she is Western's opinion guide, while historic names of European press as John Carlin or Timothy Garton Ash have become forgotten.

I'm not criticizing the Arabs, I'm really amazed by the success of their actions. But I would like to wonder: where Europe failed us for so many people putting it under Africa in their minds? For taking Egypt, governed by a military junta, as guide rather than France?

Iceland: the demonstrators carry European flags. Wikimedia Commons

Looking to Europe.

The Iceland's Kitchenware Revolution was probably the strongest incentive, along with the Arab Spring, to impel the Spanish movement. It's curious that among other myths related with Icelandic revolt was the contempt to the European Union, when in fact the Nordic citizens carried European flags on their protest marchs.

European Union has been taken as a symbol of neoliberalism, identified with social cuts and financial impositions - such as banking rescues -. We need an enemy and European Union meet the requirements.

What many European are doing is mistaking the Union with the European Council. National states - leaded by Germany - are responsible of economic politics while Community institutions - the European Commission and the EP - have a ridiculous leeway.

However the Icelandic, precisely them, were the only European that could understand the virtues of Europe. For them Europe represented the freedom and justice space, democratic guarantees that their own national government were refusing to them. I wonder if the other European are able to understand that fact like Nordic do.

Do we have reasons in Europe to protest?

It may outrage us at first the excessive burden of national interests in the European governance; is not acceptable that one nation's priorities affect majority's welfare.

The most serious thing in this situation is that national politics vices affects the stability of the entire Union. Extreme right groups, poking the fear-to-inmigrants fire and taking advantage of the social difficulties by the financial crisis are gaining power in some countries.

As their influences increase, disasters like the Schengen revision begin to happen, what could derail the European project; not to mention the civil rights that are being restricted on behalf of war on terror and organized crime.

Is necessary to demand an European space of civil and democratic guarantees based on Human Rights; and that this space - European Union itself - be monitored by Community institutions voted in elections.

Unfortunately these are things that European, tired of their respective governments, seem not to consider.

Rioters in Greece. Joanna | Flickr

European revolution?

I'm skeptic about these revolts because I don't feel them like making something new but opposite, trying to restore the previous scene: the nation-states Europe. What's the point of tearing the Union apart and returning to a Continent governed by states?

Protests were always fortuitous, irregular and centred in national politics. I wonder if Europe is prepared to join together as one; not in the offices or in a summit, but on the streets and cities, with the same objective, for the first time.

As I said, I prefer evolution to revolution; but I know that sometimes is necessary to protest in order to force the ones who govern us to make certain decisions. And at this moment there's something I want them to do: more Europe.

European Commission

European May.

May is the Europe's month and I always knew that it would play a role in the integration process. Was then that decisive Schuman Declaration was made. The May 1968 protests occurred too; and despite this uprising ended in a failure it set a precedent. It turned into a historic lesson and that was truly important.

For that I would like to think that a true "European may" is really awakening to make real this blog title. Personally I want it that way and I'm ready to promote it; It's time now to confirm if every European agree with that idea.

19.5.11

¿Revolución europea?

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Protesta en Madrid. Furilo | Flickr

El primer estallido social del que supe de forma consciente fue el otoño caliente francés, contra el entonces ministro de Interior Nicolas Sarkozy. Años después, en 2008, los griegos se alzaban contra la muerte de Alexandros Grigoropoulos, aquel adolescente asesinado por la policía. Ahora, por fin, los españoles también están protestando.

Victor Hugo dijo: "imputar la revolución a los hombres es imputar la marea a las olas". Aunque prefiramos la evolución a la revolución, en ocasiones es inevitable que se rompan los tapones culturales y se produzcan estallidos de este tipo para forzar un cambio.

Pero lo que me preocupa de esta "revolución española" es que sea eso: española. A su vez los demás han sido movimientos franceses, italianos o griegos: nunca europeos.

Manifestación en Egipto. Jonathan Rashad | Flickr

Mirando al mundo árabe.

Una de las cosas que más me desasosiegan - si no indignan - es ver cómo todas las miradas están puestas en el mundo árabe. El Washington Post afirmaba en un artículo que las protestas españolas "imitan el alzamiento de Oriente Medio". También se compara a la Puerta del Sol de Madrid con la Plaza Tahrir de El Cairo, símbolo de la revolución egipcia.

Hace un año ningún europeo hubiese mirado a África en busca de orientación democrática.  Ayer las cosas cambiaron. Menéame - clon español de Digg - publicó en una noticia "lo que ven de nuestra revolución en una televisión árabe". Se buscaba la aprobación intelectual del pueblo egipcio.

Esto dice muy poco de la cultura política de España y también de sus conocimientos generales. Pues, ¿qué lecciones de democracia pueden darnos los árabes a los europeos? Si tomamos el ejemplo de mi país, ¿cómo una nación que ha tenido dos democracias constitucionales y que está integrada en la Unión Europea puede buscar una palmadita en la espalda por parte de Egipto, cuyo pasado más reciente se debate entre las dictaduras nepotistas y los conflictos religiosos?

Resulta curioso que los tunecinos tomasen - acertadamente - a Francia como "padre intelectual" de su revolución mientras los españoles hacen exactamente lo contrario. Esto demuestra que muchos europeos poco o nada saben del mayo francés, las revoluciones liberales o la Ilustración.

Realmente me preocupa ver que muchos europeos están protestando contra sus Gobiernos pero como motivación cultural no tienen lo leído en los libros sino sólo retazos de lo visto en Facebook y Twitter. Muchos de ellos creen que los egipcios han descubierto la pólvora pero - sorprendentemente - no se preguntan por qué en Europa vivimos como vivimos desde hace mucho.

Uno de los grandes ejemplos está en el caso de Dima Khatib, la famosa periodista siria que ha sido, gracias a Twitter, quien más rédito mediático ha sacado de las revoluciones árabes. Ahora es ella el referente de la opinión pública occidental, por obra y gracia de las redes sociales, mientras han quedado en el olvido más absoluto firmas históricas de la prensa europea como John Carlin o Timothy Garton Ash.

No estoy criticando a los árabes, en realidad estoy asombrado con el éxito de sus acciones. Pero aprovecho para preguntarme:  ¿en qué nos ha fallado Europa para que tantos la pongan por debajo de África? ¿Para que tomen como referente a Egipto, gobernado por una junta militar, en lugar de a Francia?

Islandia: Los manifestantes llevan banderas europeas. Wikimedia Commons

Mirando a Europa.

Las protestas de Islandia han sido seguramente el mayor acicate, junto a la primavera árabe, para azuzar el movimiento de los españoles. Es curioso que entre los mitos relacionados con las manifestaciones islandesas se encontrase el rechazo frontal a la Unión Europea, cuando realmente los ciudadanos del país nórdico acudían a las movilizaciones portando banderas comunitarias.

La Unión Europea se ha tomado como símbolo del neoliberalismo, identificándola con los recortes sociales y las imposiciones financieras - tales como los rescates bancarios -. Hace falta un enemigo con nombre y apellidos y Bruselas cumple los requisitos.

Lo que la mayoría de los europeos hace es confundir a la Unión con el Consejo Europeo. Son los Estados nacionales - dirigidos por Alemania - los responsables de la política económica mientras las instituciones comunitarias - la Comisión Europea y la Eurocámara - tienen un margen de acción ridículo.

Sin embargo los islandeses, precisamente ellos, fueron los únicos que supieron ver lo positivo de Europa. Para ellos Europa representaba el espacio de libertad y de justicia, las garantías democráticas y de bienestar que su propio Gobierno nacional les estaba negando. Me pregunto si los demás europeos son capaces de comprenderlo igual que los nórdicos.

¿Hay motivos para protestar en Europa?

Lo primero que debe indignarnos es el excesivo peso de los intereses nacionales en el ejercicio de poder europeo; no es de recibo que las prioridades de una nación puedan llegar a afectar al bienestar de la mayoría.

Lo más grave de esta situación es que los males de las políticas nacionales se reflejan en la estabilidad de toda la Unión. Los grupos de ultraderecha, atizando la llama del miedo al inmigrante y aprovechando las dificultades sociales causadas por la crisis están ganando poder en varias naciones.

Y este aumento de su influencia está empezando a tener consecuencias desastrosas como la revisión del espacio de libre circulación, que podría dar al traste con el proyecto europeo; por no hablar de los derechos civiles que poco a poco quieren ser recortados en nombre de la lucha contra el terrorismo o el crimen transnacional.

Es necesario reivindicar un espacio europeo de garantías civiles y democráticas basado en los Derechos Humanos; y que dicho espacio - la Unión Europea en sí misma - sea vigilado por las instituciones comunitarias votadas en elecciones. Pero por desgracia esto son cosas que los europeos, centrados en su hartazgo hacia sus respectivos políticos nacionales, parecen no tener en cuenta.

Disturbios en Grecia. Joanna | Flickr

European revolution?

Me muestro escéptico ante las rebeliones porque no veo que estén creando algo nuevo sino todo lo contrario, pretenden restaurar un escenario anterior: el de la Europa nacional. ¿De qué sirve deshacer lo conseguido por la Unión y volver a un continente gobernado por los Estados?

Las protestas han sido siempre aleatorias, irregulares y centradas en las políticas de cada Estado. Lo que realmente hay que plantearse es si Europa está realmente preparada para unirse. Por primera vez no en los despachos ni en las cumbres gubernamentales sino en las calles, en los pueblos, con un mismo objetivo.

Como dije, prefiero evolución a revolución; pero sé que a veces es necesario protestar para forzar a quienes nos gobiernan a tomar determinadas decisiones. Y en este momento hay algo que quiero que hagan: más Europa.

Comisión Europea

Mayo Europeo.

Mayo es el mes de Europa y siempre he sabido que tendría una importancia para el proceso de integración. Fue entonces cuando se hizo la decisiva declaración Schuman. También que se produjeron las protestas francesas de 1968; y aunque estas revueltas terminaron en fracaso, sentaron un precedente. Se convirtieron en ejemplo histórico y eso es importantísimo.

Por eso quisiera pensar que realmente está empezando un auténtico "mayo europeo" que vuelva real el título de esta bitácora. Personalmente deseo que sea así y estoy dispuesto a trabajar por ello; ahora hay que comprobar si todos los europeos piensan lo mismo.

18.5.11

15-M: Referéndums para los asuntos europeos

Prezydenta Rzeczypospolitej Polskiej

España, especialmente Madrid, anda bastante agitada desde que estallasen las protestas del 15 de mayo, un movimiento civil que exige cambios a la clase política para terminar con la desastrosa situación del país. Democracia Real Ya, la plataforma digital que ha impulsado las manifestaciones, ha publicado también un decálogo de ocho puntos con sus principales propuestas.

Algunos de ellos me gustan mucho - como el de revisión de la alta velocidad - y otros no me gustan nada. Pero como aquí hablamos de Europa voy a matizar el único que afecta a la Unión de forma específica. Se trata de una exigencia en el punto séptimo de la lista ("libertades ciudadanas y democracia participativa"), que reclama "referéndums obligatorios para toda introducción de medidas dictadas desde la Unión Europea".

A la hora de valorar esta propuesta debemos recordar un caso paradigmático: el no de Irlanda al Tratado de Lisboa. En 2008 los irlandes, cuya Constitución exige la consulta popular para las grandes reformas europeas, rechazaron la ejecución de este tratado comunitario. Lo que hay que preguntarse es por qué dijeron que no.

Muchos pensarán que los irlandeses rechazaron el Tratado de Lisboa porque se negaban aceptar las políticas neoliberales de la Unión Europea, sus abusos de poder, sus recortes en derechos civiles y en materia social. Pues bien, se equivocan. En realidad fueron los sectores más conservadores de la sociedad irlandesa los que rechazaron el Tratado de Lisboa, entre otras cosas, porque temían que diese más libertad a las mujeres a la hora de abortar o porque dicho tratado podía favorecer la legalización en Irlanda de los matrimonios homosexuales.

Es decir, no dijeron que no para preservar sus derechos o hacer más avanzada su sociedad. Fue la derecha irlandesa más reaccionaria la que en realidad dijo no a la modernidad en Europa, la que dijo no a los derechos de los homosexuales - entre otros -. Fue un sector social ultracatólico y cavernario el que intentó por todos los medios impedir que la isla abandonase sus lastres históricos.

Por eso debemos ser prudentes a la hora de exigir un referéndum para cada directiva europea. A menudo las órdenes de la Unión son buenas, pero rechazadas por los sectores más integristas de las sociedades nacionales, a los que apoya el resto porque los textos comunitarios normalmente son poco o nada leídos y se generan muchos mitos en torno a ellos.

Estoy seguro de que muchos partidarios del 15 de mayo desean que España sea una nación más laica. Bien, imaginemos que la Unión Europea aprueba algún día una directiva reduciendo los privilegios de la Iglesia y prohibiendo su financiación con dinero público. Supongamos entonces que los lobbys más fanáticos de la ultraderecha movilizan a sus simpatizantes y la directiva es rechazada, ¿saldríamos ganando?

Y hay ejemplos reales no tan lejanos, tales como el acceso de Turquía a la Unión. Una adhesión que Europa necesita desesperadamente y que, de proseguir a buen ritmo las reformas, se producirá en 2015. Pero algunos son partidarios de que los turcos deban recibir el permiso de los ciudadanos comunitarios en referéndum. ¿Queremos, entonces, que la República de Turquía se quede fuera de la Unión Europea gracias al voto racista y xenófobo de unos cuantos?

Con esto no estoy diciendo que los referéndums sean malos por naturaleza. Yo a menudo los defiendo, pero no siempre. Creo que hay cuestiones que no todos entienden, que deben quedar en manos de personas especialmente preparadas para gestionarlas. No todos somos expertos en economía, geopolítica o derecho internacional. La mayoría, de hecho, poco o nada sabemos de estos temas.

Por eso hemos de tener representantes bien preparados que puedan decidir lo mejor en estos asuntos. Y lo que debemos exigir, más bien, es que nos permitan elegir a los mejores y de la mejor y más transparente forma posible.

17.5.11

¿El fin de Schengen?

Wikimedia Commons.

El 11 de mayo de 2011 es una fecha que para muchos pasará desapercibida; pero es también una de las fechas más nefastas en la historia de la integración europea. Dinamarca anunció a Europa que restablecerá los controles en sus fronteras, cercando sus accesos desde Suecia y Alemania.

No he tenido tiempo de hablar en este blog del espacio Schengen antes de que una nación comunitaria lo viole deliberadamente. No se trata de un simple tropiezo o de un problema menor. La libre circulación de personas y mercancías es realmente uno de los pilares fundacionales de la Unión Europea.

Se trata por tanto de un retroceso y una diferencia. A día de hoy las autoridades de Dinamarca consideran que yo no soy igual a un ciudadano danés; puedo moverme libremente por veintidós países pero no podré acceder a su territorio sin enseñar mi pasaporte. Mientras algunos Estados solicitan la adhesión al espacio Schengen, otros deciden que quieren salir de él.

Los gobernantes están decidiendo que la lucha contra el crimen - motivación principal de Dinamarca para controlar sus fronteras - debe hacerse a costa de los derechos civiles y la construcción europea. No sólo eso, el Gobierno del país nórdico tomado esta decisión como una condición de la extrema derecha del Partido del Pueblo Danés.

Se trata de una formación política que no sólo desea menos Europa, sino también limitar la acogida de inmigrantes y refugiados, aplicar medidas sociales racistas con la excusa de la delincuencia o reducir las libertades religiosas. Una derecha fanática que cada vez más está encontrando su lugar en la Unión, imponiendo a toda la comunidad sus principios antidemocráticos mientras los principales Gobiernos y la ciudadanía se quedan de brazos cruzados.

Las reivindicaciones antieuropeas de partidos como el UKIP británico eran hasta hace poco tomadas a la ligera. Ahora ya no parecen tan lejanas, no se ve tan distante un futuro en el que la Unión Europea sea cosa del pasado y, olvidada ya la integración comunitaria, los Gobiernos nacionales tengan de nuevo carta blanca para cometer abusos de poder.

Esto no pasaría de ser una desagradable anécdota o una experiencia de la que aprender si todos los Estados se hubiesen cerrado en banda contra la pretensión danesa. Pero es realmente todo lo contrario cuando la misma Unión Europea está estudiando, gracias a las presiones de Francia y otros países, revisar e incluso suspender el acuerdo de libre circulación para combatir las oleadas de desarrapados que nos llegan desde el mundo pobre.

París cierra el acceso a los trenes italianos, la comunidad se niega a repartir personas en su territorio cuando un país lo necesita y poco a poco se prefiere la opción de dejar fuera al mayor número de gente posible. Estamos asistiendo al éxito de la política mediocre, irresponsable y peligrosa de líderes grises y nada europeístas como Sarkozy, partidarios de recortar derechos y retroceder a un escenario político pre-comunitario.

El único en denunciar la inmoralidad y posible ilegalidad de la acción del Gobierno danés ha sido, como siempre, Durão Barroso. Se ha quedado solo en su protesta, cuando la mayoría de líderes han aplaudido o tolerado la medida o la han mirado de soslayo, criticándola perezosamente.

Haría falta que los ciudadanos tomásemos medidas ante esta situación y la cambiásemos con nuestro voto y otro tipo de acciones; pero a prácticamente nadie ha parecido escandalizarle el cierre de las fronteras danesas. Por desgracia la población - especialmente la izquierda - sigue identificando a Europa con el enemigo gracias a la propaganda vertida por ciertos sectores. El problema está en no comprender que la Unión es el camino y que es precisamente a sus destructores a los que debemos contener para preservar nuestro futuro.

Podría haber llamado al artículo: "¿El fin de la Unión Europea?". No me gustan los sensacionalismos ni la dramatización; pero realmente creo que si la ruptura del espacio Schengen se consuma, podremos hablar del punto final de la integración europea. La libre circulación de personas es uno de los pilares maestros comunitarios y una mesa no puede sostenerse si cede una de sus patas.

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