Seamos libertad europea, seamos paz universal. Victor Hugo.

16.6.12

Lo que siempre olvidamos en la crisis europea

Wikimedia Commons

El 15 de mayo de 2012 uno de los dos dirigentes más odiados de la Unión Europea, Nicolas Sarkozy, cedió todos sus poderes a François Hollande y perdió cualquier atisbo de autoridad pública. Sarkozy hizo esto de forma absolutamente pacífica y, lo más importante, sin ninguna necesidad de ser obligado, presionado o forzado a ello. Esto puede parecernos lo más normal del mundo, pero sería muy improbable hallar ejemplos parecidos en otros lugares como Rusia, China, África y en general gran parte del mundo.

El 11 de febrero de 2011 Hosni Mubarak abandonaba el poder en Egipto, tras dieciocho días de una sangrienta rebelión que dejó más de ochocientos muertos. Mubarak no cedió sus poderes a un sucesor democráticamente elegido, sino a una Junta Militar.

En la Europa desencantada Egipto es visto como un romántico ejemplo de superación nacional, épica y persecución de utopías. Esta imagen tan idílica de unos hechos en realidad poco bucólicos nos hace olvidar que nosotros lo tenemos más fácil. Los franceses, para deshacerse de su odiado tirano, no necesitaron ríos de sangre ni semanas de lucha; sólo una apacible jornada de votaciones. Es posible que no aparezcan en los libros de historia del futuro ni que se rueden películas sobre ellos, pero su opinión tuvo un resultado y esa misma noche pudieron dormir tranquilos en sus casas con sus familias.

¿Qué tiene todo esto que ver con la crisis europea? Mucho. Europa es el mal, a Europa la gobiernan los mercados, la Unión es la campeona del neoliberalismo. Sin embargo, esa totalitaria maquinaria dirigida por oscuros poderes se tropieza un día sí y otro también con la opinión de la ciudadanía y con su descontento, algo de lo que no se pueden quejar las autoridades rusas o chinas.

En febrero de 2012 el Parlamento griego aprobaba un duro plan de recortes a cambio del cual recibiría un segundo rescate financiero. Con esta complicadísima votación se ponía fin - temporalmente - a semanas de angustia en toda Europa. ¿Qué ocurriría si Grecia se negaba a aceptar las reformas? ¿Qué consecuencias tendría esto para la economía comunitaria? Uno cabe argüir que un verdadero Gobierno totalitario no tendría que vérselas con esta incertidumbre. Un Gobierno totalitario decretaría las reformas y punto; una Unión absolutista, como la dibujada por los indignados en su retórica, no tendría la deferencia de permitir a los helenos elegir entre la intervención o el suicidio.

Πρωθυπουργός της Ελλάδας
El Gobierno heleno no pudo imponer los recortes sin convencer
antes al Parlamento.


No me cabe duda de que la canciller Merkel desearía poder imponer las reformas que crea necesarias sin tener que toparse con ese incómodo obstáculo que representa la democracia. Porque, asumámoslo como un hecho, la democracia es una molestia para los gobernantes. Una molestia afortunada para nosotros. Y una molestia que, aunque aceptada por los europeos como lo más natural del mundo, es en realidad una rareza entre las naciones. Si el presidente chino Hu Jintao se viese en una situación similar a la de Merkel, con una región díscola causándole problemas, ¿se pararía a esperar angustiosas votaciones parlamentarias para la ejecución de sus planes? ¿O se limitaría simplemente a imponer su autoridad, si fuera necesario, con los tanques de por medio?

Europa tiene un vicio importante: ignorar sus problemas en tiempo de bonanza y desdeñar sus méritos en época de crisis. Algo que contrasta con casos como el de Estados Unidos, un país que - con sus muchos defectos - tiene la virtud de aferrarse a su fortaleza cuando las cosas van mal. Actitud que no pocas veces condujo al éxito a esa gran nación. Algo que la Unión, sin embargo, olvida demasiado a menudo.

Si Europa fuera la gris dictadura en la sombra que los populismos le acusan de ser no estarían todos sus gobernantes temblando ante los comicios de mañana. Es curioso: Grecia ha ardido varias veces desde que empezaron los ajustes, pero si algo puede acabar con todo serán unas elecciones. Los medios publicaron cada disturbio a página completa y olvidaron el poder infinito de las urnas. ¡Vaya birria de dictadura! Puede ser derrotada por un puñado de votos.

EPA
El líder comunista Giorgos Mavrikos muestra su desacuerdo con
el memorándum sin recibir represalias, algo difícil de ver en
muchos países del mundo. 


¿Qué estoy expresando con esto? ¿Que aplaudamos y digamos que todo está bien? No, estoy pidiendo que cambiemos de actitud. Las cosas van mal, pero no lo arreglaremos con esta sobredosis de desdén y nihilismo. No lo haremos envidiando esa postal cinematográfica, romántica y utópica que los medios nos han vendido de la mal llamada Primavera Árabe. Lo haremos aferrándonos a nuestra fortaleza: a nuestra democracia, a nuestras opiniones, nuestras ideas y todo aquello que consideramos bueno. Querrían imaginarnos a los jóvenes tomando las calles, luchando contra la policía, arreglándolo todo y celebrándolo por la noche con un buen polvo y olvidan que tenemos armas menos cinematográficas pero más potentes.

Europa, con toda su malignidad, está repleta de Gobiernos democráticos. Nuestros políticos, viles y corruptos, palidecen ante la fuerza de nuestros votos. Los abusos se cometen, pero se denuncian. Los atropellos suceden, pero la prensa nos lo cuenta y lo rechazamos. Hay hambre, hay sufrimiento, pero los Parlamentos siguen en pie y los militares no han arañado ni una parcela de autoridad, como sí ocurrió en crisis similares de tiempos tenebrosos pero aún no muy lejanos. ¿Vamos a ignorar toda esa fuerza buena que esconden nuestros países?

Estas consideraciones son ambiguas, más culturales que puramente técnicas y no tienen una traducción política clara. Por eso lo único que propongo es que levantemos la cabeza, cambiemos de mentalidad y nos digamos: "somos Europa, somos algo grande y vamos a arreglar esto".

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