Seamos libertad europea, seamos paz universal. Victor Hugo.

25.3.12

El Tratado de Roma, ¿sólo un ejemplo histórico?



Tal día como hoy hace cincuenta y cinco años un grupo de naciones europeas firmaba los Tratados de Roma, acuerdos que ponían en funcionamiento la Comunidad Económica que años después daría lugar a la Unión que actualmente nos arropa. La plataforma More Europe ha querido recordarlo y yo os ofrezco mi pequeño aporte en forma de reflexión.

Creo que el Tratado de Roma sólo puede observarse con motivación comparativa, esto es, para que nos permita mejor entender qué somos ahora, a dónde vamos y cuáles son nuestros problemas.

Ya en la década de 1950 Europa adoleció del que es su principal problema endémico: la estrechez de miras, la falta de audacia, la incapacidad para tomar grandes decisiones. En aquellos años los padres de la patria proponían una unión militar y una unión política que fueron rechazadas; el acuerdo se quedó en lo económico, aunque a día de hoy sigue faltando una cultura monetaria única y una integración fiscal real.

No por ello la perspectiva histórica deja de señalar una realidad terrible: la visible degradación política y cultural de las sociedades europeas en conjunto desde entonces hasta hoy.

En un escenario post-apocalíptico en que Europa salía del peor momento de su historia (la Segunda Guerra Mundial) donde el hambre, las enfermedades y la ausencia total de libertades eran lo corriente en un continente arrasado hasta los cimientos y en cuya mitad oriental aún se incubaban conflictos y se vivía bajo el peso de la tiranía. En este paisaje desolador de destrucción y sufrimiento los padres de la Unión supieron dejar a un lado odios y rencores, olvidar los intereses de sus propios países para unirse en un frente común con un objetivo claro: la paz. Paz que asimismo debería ser la llave para el desarrollo, el bienestar, la libertad y la justicia de todos los europeos.

Resulta lamentable comprobar que la Europa post-nazi produjese una generación con mucha mayor amplitud de miras y visión de futuro que la Europa de las redes sociales. No sólo porque hombres como Monnet, Schuman o Adenauer, no empresarios ni políticos sino estadistas, dejen muy atrás en su cultura política a los mediocres Sarkozy o Merkel, sino también por los ciudadanos comunes.

Es difícil pensar que los europeos de aquella época pretendiesen al realizar los profundos sacrificios que realizaron (cediendo en muchos casos parte de su soberanía y riqueza nacional en virtud del bien común) que hoy nosotros fuésemos a desmantelar pilares fundamentales de nuestra patria como son el Espacio de Libre Circulación o la Carta de los Derechos Fundamentales que cada vez más se ponen en duda en varios países.

Los movimientos populistas que recorren la Unión nos recuerdan, en muchos casos, a aquellas siniestras corrientes de odio y fanatismo más propias de la oscura Europa de los nacionalismos que de las democracias post-Roma.

Esta estrechez de miras de nuestros políticos, incapaces de ver más allá de las elecciones, y este creciente peso de las fuerzas demagógicas en nuestros países, este éxito visible de aquellos que reclaman el regreso a los nacionalismos y el chovinismo egoísta, el recorte de los derechos y libertades europeas en beneficio de los intereses particulares de los gobiernos y los partidos políticos deberían simplemente avergonzarnos.

Por eso es que lanzo mi reflexión sobre este aniversario acompañada por una pregunta: ¿será el Tratado de Roma, dentro de otros cincuenta años, simplemente un ejemplo histórico que otros - que no nosotros - con mejor predisposición y mayor amplitud de miras puedan estudiar para poder imitar? ¿Será el Tratado de Roma sencillamente el enésimo ejemplo de algo que pudo ser y no fue? ¿O será recordado, en cambio, como el inicio de una historia de éxito que culminó con la Europa que los padres fundadores soñaban: un faro de libertad, justicia y democracia que alumbrase a las naciones del mundo entero?

Los últimos acontecimientos nos piden ser optimistas, pero debemos recordar que los primeros pasos de la Unión se dieron entre el humo de las ruinas y la sangre de los asesinatos. Los padres fundadores lo tenían mucho más difícil y no se permitieron flaquear. No nos lo permitamos nosotros.


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imagen: Wikimedia Commons

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